sábado, 11 de enero de 2020

'1917', en tierra de nadie.


Cuando se habla de cine bélico, siempre evocamos esas películas de la Segunda Guerra Mundial. No en vano fue el conflicto más mortal de la Historia y además bastante reciente. Pero antes hubo otro enfrentamiento mundial que marcó, según algunos historiadores, el fin del siglo XIX y el principio del siglo XX: La Primera Guerra Mundial. Curiosamente no fue llamada así hasta pasados unos años de su finalización. Era llamada la Gran Guerra, la guerra que iba a acabar con todas las guerras. Y fue un caldo de cultivo para la aún más cruenta guerra que hubo años después. En el cine su dimensión no ha sido tan amplia como cabía esperar. De hecho si preguntas a cualquier aficionado al cine te mencionará muy pocas, como por ejemplo 'Senderos de gloria' (1957),  'Sin novedad en el frente' (1930) y 'War Horse' (2011). Apurando mucho tal vez te digan otras como 'El gran desfile' (1925), 'La gran ilusión' (1937), 'Alas' (1927),  'Gallipoli' (1981) y 'El sargento York' (1941). Fue además un hecho histórico del cual hay muy poco material grabado. Sam Mendes sintió ese compromiso de transmitir lo que fue aquella cruenta. Más de cien años después, no hay ningún superviviente vivo que fuera testigo de todo aquello. Según comentó Mendes: "La primera vez que entendí la idea de la guerra fue cuando mi abuelo me contó sus experiencias sobre la Primera Guerra Mundial. Esta película no es una historia sobre mi abuelo, es más bien su espíritu y lo que pasaron aquellos hombres, sus sacrificios y la sensación de creer en algo más grande que ellos mismos".

Después de haber realizado dos películas seguidas en la saga de James Bond, tanto 'Skyfall' (2012) y 'Spectre' (2015), Sam Mendes recordó estas historias de su abuelo en su intención de realizar un proyecto más humano. '1917' es en escala tan épica como esas películas de Bond pero es una historia mucho más personal. La única vez que Sam Mendes había tratado el género fue con 'Jarhead' (2005), en la cual definía a unos soldados frustrados por no entrar en batalla y esos momento de aburrimiento y delirio mientras esperaban. Un enfoque similar podría haber sido apropiado para una película sobre la Primera Guerra Mundial, la cual fue una tremenda guerra de desgaste en la cual los soldados avanzaban lentamente a través de trincheras y túneles. No fue una guerra donde el dinamismo en la batalla estuviera muy presente. Pero en cambio, '1917' nos da una perspectiva donde la acción es su base y avanza casi sin freno.

Como dice el título, '1917' se ambienta en la Primera Guerra Mundial en una de tantas batallas de trincheras desarrolladas en el norte de Francia. Dos soldados británicos, Blake  (Dean-Charles Chapman) y Schofield (George MacKay), se despiertan en un momento de su descanso y son reclamados para presentarse a una misión. A unos kilómetros de distancia, otro batallón, que incluye al hermano de Blake, ha planeado realizar un ataque sobre unas posiciones alemanas en aparente retirada. Sin embargo, la inteligencia informa de que es una trampa de los alemanes que los llevarán a una emboscada que costará miles de vidas. Con las comunicaciones cortadas, se ordena a Blake y Schofield que se dirijan hacia ese batallón para suspender el ataque antes de que comience. Es un viaje a través de tierra de nadie y además de territorio enemigo. Se les dice que apenas encontrarán obstáculos en su camino pero la tensión dentro de los soldados que se encuentran a medida que se acercan al frente y la carnicería que presencian, les sugiere lo contrario. Ese paisaje desolador e inhóspito que vislumbran es solo el punto de partida del infierno donde van a entrar. Además el propósito de su misión requiere celeridad en todas sus acciones y el tiempo es otro factor contra quien luchar.
Por lo general, las películas bélicas suelen ser estruendosas y a veces intentan sorprender e impactar al espectador con pirotecnia, explosiones y mucho ruido. Si bien '1917' tiene algunos momentos intensos de disputa, nunca se siente como algo excesivamente dramático. Es más un relato sincero e íntimo de dos soldados que, de cumplirse su misión, pueden ser dos héroes y de no cumplirse y sobrevivir a la guerra, de tener cargada en sus conciencias ese fracaso. En el cine bélico resulta complicado hacer que la guerra sea comprensible. A veces son imágenes desgarradoras que anuncian una crueldad increíble y que nos muestran esa pérdida de humanidad que afecta a todos los soldados en esos conflictos. En otras ocasiones domina lo patriótico, lo patético, la transfiguración y como afecta psicológicamente a esos hombres. Y a veces no hay respuestas a las preguntas planteadas por ese horror. En '1917' lo que hay es una carrera contra el tiempo a través de las trincheras. A medida que Blake y especialmente Schofield avanzan contra la adversidad, sus puntos de vista sobre su situación difieren: las medallas no valen más que una botella de vino. Tampoco se detienen a realizar largos monólogos existenciales, ni a hablar poéticamente sobre la guerra y sus circunstancias. Ellos avanzan a través de los distintos escenarios enfocados en la misión y en encarar de la mejor manera las dificultades que se van encontrando.

Sam Mendes nos lleva a lo más profundo de las almas rotas de esos soldados que saben que tiene pocas esperanzas y deben continuar luchando a pesar de todo. La cámara actúa, esta impresión surge de inmediato y es como una especie de tercer hombre que acompaña a estos dos soldados en su misión. Y además corre con ellos cuando es necesario. Es desgarrador ver como esos dos soldados asumen esa misión sin ayuda y en cierto sentido son tan prescindibles como los cadáveres sin nombre que llenan el campo de batalla. No se profundiza en los detalles de sus vidas privadas y esa falta de empatía hacia esos dos personajes nos muestra al espectador que son dos peones más de este juego de la guerra. Sentimos tensión por sus acciones y su objetivo pero apenas sus emociones más íntimas. Aún así hay ciertos momento de ternura, como cuando Schofield entra en contacto con una mujer francesa que se esconde en un sótano. Es una escena tranquila y la desesperación de ambos choca en un intercambio parco de palabras pero también encantador. Más que un respiro del peligro inminente, su humanidad se expresa en esos pequeños detalles. '1917' a menudo carece de esos pequeños momentos de emoción. Los horrores de la guerra lo invaden todo. Eclipsa todo lo demás. La estructura y dinámica de la trama se subordina a esos horrores. Esas atrocidades son un telón de fondo casi constante. Los soldados enemigos apenas son sombras en la distancia, no hay más interacción con ellos que la disputa y el cruce de disparos. '1917' no se contiene en ninguna situación. Todo es rápido. El tiempo aprieta y no hay que tardar mucho para pasar al siguiente escenario.
Para desarrollar una película de esta narrativa tan dinámica, Sam Mendes elige que la acción sea en una sola toma contínua o plano secuencia. Este efecto es una ilusión ya que '1917' se ha realizado a partir de una serie de tomas largas de manera similar a 'Birdman' (2014) y que de todos modos es una ilusión increíblemente efectiva. El montador Lee Smith se enfrentó a un desafío muy diferente al complejo malabarismo temporal que realizó en 'Dunkerque' (2017) y une esas secuencias en momentos de oscuridad, cuerpos que pasan, ruinas o primeros planos para enmascarar esas uniones. Esa sincronizaciones son perfectas y produce un auténtico efecto de que la películas está prácticamente toda rodada en un plano secuencia. Sam Mendes con esa puesta en escena tan prodigiosa, inmersiva e intensa, logra hacernos vivir una experiencia cinematográfica que en momentos recuerda a 'Gravity' (2013) y que nos invita a descubrir en tiempo real (o casi) los escenarios atravesados por los actores, llenos de barro, alambradas, ruinas y por supuesto, cadáveres. No hay que olvidar que '1917' es una película sobre la guerra y que no nos ahorra de ninguna manera su crueldad. En esa tierra de nadie vemos el infierno, con cadáveres hinchados en cada foso, ratas y cuervos que roen los cadáveres y una banda sonora constante de disparos, aviones y proyectiles. Unos sonidos que se nos vuelven familiares pero una cosa es la causa de la mayor tensión: el silencio. En esos momentos de silencio es donde el miedo a lo desconocido es mayor. Ese aura acústica crea además un ritmo acelerado para todo lo que sucede. El trabajo de edición de sonido de Oliver Tarney y Stuart Wilson hacen rebotar en nuestros oídos el sonido de cada bala y de contener el aliento con una intensidad vibrante. Ese estímulo se refuerza más todavía con la partitura musical de Thomas Newman.

No se queda atrás la composición cromática de '1917'. Filmada en Inglaterra y Escocia, la fotografía de Roger Deakins muestra una paleta de tonos de color sinónimo de tiempos de guerra. Los contrastes entre la tierra embarrada, los verdes prados y las hojas de los cerezos con ese fondo de un cielo permanentemente nublado es espectacular. La luz juega un papel crucial en '1917' ya sea por ese cielo o como brota entre las llamas de la ciudad y de las bengalas. La iluminación consigue ser hasta atmosférica en las secuencias oscuras de interior y alcanza su momento cumbre cuando Schofield se despierta por la noche y avanza por la ciudad en ruinas. El cielo nocturno está iluminado por un infierno furioso y las bengalas en todo lo altos proyectan las fantasmales sombras de las ruinas.
Con '1917', Sam Mendes intenta dar vida a la Primera Guerra Mundial de una manera visceral pero con una artesanía tan implacable que en ocasiones puede producir un distanciamiento extraño. Cada secuencia está realizada con una maestría técnica admirable, que muestra un trabajo de manejo de cámara absolutamente fluido y sorprendente. Pero el espectador, quizás de manera inconsciente, deja en momentos de sumergirse en el drama que se está relatando y se pregunta más el alucinante rodaje de todas las escenas. Quizás no sea sencillo pensar en las técnicas que se aplican y no nos dejemos llevar por lo que nos cuenta la película y tal vez perjudique en parte la experiencia cinematográfica. Con '1917' no vamos a encontrar un gran película bélica repleta de acción y explosiones. '1917' se puede definir como una pieza de alta calidad artesanal cuidadosamente compuesta y que ha sido calculada con precisión hasta el último milímetro. Sam Mendes ha creado una experiencia conmovedora e impactante.

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