jueves, 6 de febrero de 2020

'Senderos de gloria', el horror de la guerra


El patriotismo es el último refugio de los cobardes
Tras el éxito de ‘Atraco perfecto’ (‘The Killing’, 1956), Stanley Kubrick lo tuvo relativamente fácil para llevar a cabo su siguiente proyecto, la adaptación de una novela que le había impresionado de joven, ‘Paths of Glory’ de Humphrey Cobb. Kirk Douglas, una de las estrellas del momento, había quedado impresionado con la última película de Kubrick y mostró su interés por el proyecto, tanto para producirlo como para protagonizarlo. Esto proporcionó a Kubrick la primera oportunidad de contar con actores de primera fila para sus películas, algo que empezó a suceder a partir de su encuentro con Douglas. Más tarde y a raíz de su colaboración en ‘Espartaco’ (‘Spartacus’, 1960) ambos cineastas se llevaron a matar —Douglas siempre habló horrores de Kubrick como persona—, pero de lo que no hay duda es de que la presencia de Kirk Douglas en la carrera de Kubrick fue absolutamente determinante.

'Siete días de mayo', tensión y suspense


Es John Frankenheimer un director al que muchas nuevas generaciones de directores deben mucho. Al igual que otros realizadores, como Arthur Penn o Sidney Lumet, Frankenehimer provenía de la televisión y dio el salto al cine con 'Los jóvenes salvajes' (‘The Young Savages’, 1961) que le uniría además en una relación profesional con el actor Burt Lancaster, por aquel entonces una de las figuras más poderosas de Hollywood. Con la mencionada película y hasta pasada la mitad de los años 60, la carrera de Frankenheimer es intachable, con una serie de títulos excelentes que culminan con ‘Plan diabólico’ (‘Seconds’, 1966), probablemente la obra cumbre del director.
A partir de ese instante su filmografía compagina productos inspirados con otros que no lo son tanto, sobre todo en la década de los 80, sin duda su peor época, y aunque pasados los años Frenkenheimer demostró que hace las cosas mejor que muchos de ahora —sirva como ejemplo la emocionante 'Ronin' (íd., 1998)— su obra no alcanzó las cotas de aquellos años 60 en los que el director, natural de New York, experimentó todo lo que quiso y más en un arte que por primera vez volaba libre. ‘Siete días de mayo’ (‘Seven Days in May, 1963) presenta una ficción sobre un intento de golpe de estado en los Estados Unidos, en medio de la Guerra Fría. Un argumento tan actual ahora, aunque no haya Guerra Fría, como lo fue entonces, logrando que la película se conserve hoy tan fresca como en su estreno.

'El último tren de Gun Hill', la vida no es justa


¿Qué mejor género que un western para olvidarse absolutamente de todo y vivir durante un rato en una época llena de emoción, peligros y con la muerte a cada esquina? No parece un buen plan, pero de la mano de Sturges es de los mejores.
‘El último tren de Gun Hill’ (‘Last Train from Gun Hill’, 1959) es una de las cumbres de su director, realizada en el que probablemente fue su período más productivo, artísticamente hablando. Tras haber dirigido a Kirk Douglas y Burt Lancaster en la perfecta ‘Duelo de titanes’ (‘Gunfight at the O.K. Corral’, 1957) volvió a dirigir al primero en el presente film, enfrentándolo a Anthony Quinn en una historia sobre la amistad, el sentido de ley y justicia —recordemos que no son lo mismo—, el amor perdido y el destino fatal. Todo ello en un tenso relato de hora y media que rememora en parte la trama de un film de dos años antes, 'El tren de las 3:10' (‘3:10 to Yuma’, Delmer Daves’, 1957), otra de las cumbres del género.

'Duelo de titanes', el OK Corral más intenso


John Sturges nos dejó un puñado de westerns inolvidables, como el caso que hoy nos ocupa, ‘Duelo de titanes’ (‘Gunfight at O.K. Corral’, 1956), una de sus películas más famosas. En unos años en los que Sturges se centraría sobre todo en el western, el director se atrevió con el mítico duelo en el O.K. Corral, varias veces revisado en el séptimo arte, y que por aquel entonces tenía en la imprescindible ‘Pasión de los fuertes’ (‘My Darling Clementine’, John Ford, 1946) su mejor muestra —aún a día de hoy lo sigue siendo y también una de las mejores obras de su mítico director—, en la que Henry Fonda y Victor Mature prestaban sus físicos para los roles de Wyatt Earp y Doc Holliday. Ford trascendía la acción para realizar uno de sus films más líricos.
John Sturges reunió a Burt Lancaster y Kirk Douglas, por aquel entonces en las cimas de sus carreras. Dos actores que entre ellos poseían una química única y que trabajaron juntos en no no pocas ocasiones. El director, que por aquellos años contaba en sus films con numerosas estrellas y característicos de primer orden, se sustenta sobre todo en las dos magníficas composiciones de ambos actores, logrando alejarles de las composiciones de Fonda y Mature, a pesar de ser los mismos personajes. Por otro lado se trata de uno de lo westerns más ambiciosos de su director, con una historia digamos más compleja o densa que el resto de sus incursiones en el género, abarcando más aspectos de los que aparenta a simple vista.

'El ídolo de barro', subida a la gloria y caída


'El ídolo de barro' ('Champion', Mark Robson, 1949) es una película que tranquilamente puede incluirse dentro del género de cine negro (Film Noir), no porque pertenezca a dicho género, sino porque adopta en un drama pugilístico las formas y elementos del mismo. Al fin y al cabo, su director, Mark Robson —director de films tan excelentes como 'Más dura será la caída' ('The Harder They Fall, 1956), una visión crepuscular del boxeo, 'Desde la terraza' ('From the Terrace', 1960) o la hitchcockiana 'El premio' ('The Prize', 1963)— provenía de ser montador de la RKO —uno de los estudios que más producción hizo sobre cine negro— y participar en producciones de terror auspiciadas por el famoso Val Lewton. Y 'El ídolo de barro' parece en sus instantes más intensos un film de terror.

'Camino de la horca', ironía y cinismo


‘Camino de la horca’ (‘Along the Great Divide’, 1951) fue el primer western que protagonizó Kirk Douglas, y la única película que hizo a las órdenes de Raoul Walsh, un excelente narrador que dominaba sobre todo el western y el Film Noir.
En 1951 Walsh realizó las prestigiosas ‘Sin conciencia’ (‘The Enforcer’) —en la que se acreditó a Bretaigne Windust como director, a petición del propio Walsh—, ‘El hidalgo de los mares’ (‘Captain Horatio Hornblower’) y ‘Tambores lejanos’ (‘Distant Drums’). ‘Camino de la horca’ suele ser el trabajo menos comentado de aquel año. Lo cierto es que no desmerece en absolutamente nada de los tres films citados. Estamos ante uno de esos westerns violentos en los que Walsh despliega toda su capacidad de síntesis y emite un discurso sobre la diferencia entre ley y justicia.

domingo, 2 de febrero de 2020

'Calles de fuego', el amor al cine y la música


De todos los films de Walter Hill en los que él ha dejado bien impresa su pasión cinéfila, uno de los que se me antojan más apasionantes es 'Calles de fuego' ('Streets of Fire', 1984), también uno de los grandes fracasos de su carrera, aunque el paso del tiempo le ha adjudicado al film la categoría de película de culto. Eso si restamos a todos aquellos que desprecian el film, puesto que nos hallamos ante una película que levanta odios y pasiones. Los primeros por su estética de videoclip y los segundos porque han escarbado un poco más. En cualquier caso ha sido un placer revisar una película que respira amor al cine y a la música, en concreto el rock and roll, por los cuatro costados, amén de una sabia mezcla de géneros y otra demostración de la capacidad de Hill para narrar con la cámara, demostrando que la forma puede serlo todo, convirtiendo el visionado de 'Calles de fuego' en todo un deleite para los sentidos.

El Gran Ziegfeld - La epopeya musical

  A principios del siglo XX todo parecía posible. Era una época en la cual los artistas se sentían libres para pensar. Isadora Duncan transf...