jueves, 5 de noviembre de 2026

El bazar de las sorpresas - Una relación epistolar.

 


Si a los aficionados del cine clásico les preguntaran cual es una de sus comedias románticas clásicas favoritas, una de las primeras sería sin duda 'El bazar de la sorpresas' (The shop around the corner, 1940). Dirigida por uno de los grandes del género como Ernst Lubitsch, está protagonizada por James Stewart y Margaret Sullavan. Su éxito se basa en saber combinar comedia con romanticismo dentro de un ambiente tan tradicional como sencillo. Aunque más allá de su entrañable historia de amor, también transmite el buen hacer de Lubitsch (El Toque Lubitsch), la adaptación tan extraña en un país europeo en vez de una ciudad norteamericana y las relaciones entre sus protagonistas.

¿De qué trata 'El bazar de las sorpresas'? Se ambienta en un pequeño bazar de regalos en Budapest a finales de los años 30. En ese local,Hugo Matuschek (Frank Morgan) es el amable y cálido dueño. Entre sus empleados destaca Alfred Kralik (James Stewart) que es el joven encargado de la tienda. De repente llega una aspirante a nueva dependienta, Klara Novak (Margaret Sullavan), con la cual choca en una relación repleta de discusiones. Pero lo que ambos desconocen es que se han enamorado entre ellos a través de cartas anónimas. A partir de esa premisa, Lubitsch nos ofrece una historia sobre la soledad, el orgullo, el afecto y sobre todo, de la imagen que proyectamos y la que somos realmente.

El origen de la historia de 'El bazar de las sorpresas' proviene de una obra teatral húngara escrita por Miklós László, cuya obra llamara originalmente en húngaro 'Illatszertar' y traducida al español como 'Perfumería'. La obra se estrenó en Budapest en 1937. Los derechos de la obra fueron comprados por Ernst Lubitsch en 1938 por 7500$ con la intención de realizarla de manera independiente con su compañía 'Ernst Lubitsch Productions' y de compartir las ganancias con Myron Selznick, hermano de David O. Selznick, el famoso magnate de MGM. Precisamente en 1938, Paramount había roto con Lubitsch después de 11 años. El fracaso de 'Ángel' y la poca rentabilidad de 'La octava mujer de Barba Azul' confirmaron los temores de que el ciclo de Lubitsch se había acabado. Fue cuando Lubitsch fundó su compañía. Todo estaba arreglado para empezar la producción de 'El bazar de las sorpresas'. Pero en las negociaciones con MGM le exigieron que realizara primero 'Ninotchka'. De hecho hasta le vino bien ya que con su entonces esposa Vivian Gaye realizaron un viaje a Moscú en 1936 para tener una idea de ese 'paraíso comunista'. Y la película funcionó de maravilla. En noviembre de 1939 se inicio el rodaje de 'El bazar de las sorpresas', el cual duró dos semanas con un presupuesto de 500.000$

Ernst Lubitsch cambió algunos aspectos de la obra original. Eliminó líneas de argumento y concentró todo en un pequeño grupo de empleados y la relación que se establece entre ellos. Pero el principal cambio fue que cambió la perfumería por una tienda de complementos, es decir, maletas, bolsos, artículos de piel, etc. De hecho Lubitsch mantenía un vínculo biográfico con 'El bazar de las sorpresas'. De joven había ayudado a su padre en una sastrería de Berlín. así que conocía de primera mano el ambiente, las relaciones y las pequeñas tradiciones de un trabajo cotidiano. Ese mundo no le resultaba ajeno. El propio Lubitsch comentó: "Tenía una pequeña tienda como esta. La relación entre el jefe y sus empleados es muy parecida en todo el mundo. Todos tienen miedo de perder su trabajo y saben cómo las pequeñas miserias pueden afectar a su trabajo."

Dos extraños que mantienen una relación por correspondencia y no saben que se juntan todos los días en su lugar de trabajo y discuten habitualmente. Parece un argumento simple pero 'El bazar de las sorpresas' tiene un doble juego: el espectador se ríe de lo que ignoran ambos personajes entre sí. Es también una comedia burlesca donde vemos un marido engañado, un astuto vendedor, malentendidos, situaciones inesperadas, etc. Todo se junta para ofrecer una farsa tradicional. Sin embargo, esos personajes son realistas ya que se preocupan por su vida profesional, por no perder el trabajo. O los problemas maritales que pueden derivar en intentos de suicidio. Está en el límite del drama pero no se impone a los sentimientos que hacen que funcione una comedia romántica y humana a la vez, con un humor que puede llegar a ser cínico. 

Especialmente llama atención la tristeza profunda y real que rodea a la soledad de Klara y Alfred, quienes creen haber encontrado el amor en forma de alguien a quien nunca han visto. Viven de ilusión. Es curioso como el espectador observa que el amor están frente a ellos todos los días y sin embargo pelean por el día y se aman por la noche. 'El bazar de las sorpresas' se fundamenta en la idealización del amor y de ajustar las expectativas siempre a la baja rompiendo las fantasías. Lubitsch además le añade las presiones de la vida de la clase trabajadora y el miedo a perder el trabajo, haciendo además uso del escenario navideño con un sutil comentario sobre el consumismo. Es una obra hermosa y divertida realizada con mucho corazón.

'El bazar de las sorpresas' tiene muchos elementos a su favor aunque el más importante es la fantástica química entre sus protagonistas principales: James Stewart y Margaret Sullavan. Antes ya habían realizado dos películas juntos: Cuando volvamos a amarnos (1936) y 'El ángel negro' (1938). Se decía incluso que fuera de las cámaras había cierto enamoramiento entre ambos. Aunque Margaret Sullavan era conocida por su mal genio, James Stewart consideraba una alegría poder trabajar con ella. La conocía personalmente y sabía como lidiar con ella. Un día, a Sullavan le llevó cuarenta y ocho tomas hacer una escena correcta Stewart dijo: "Estábamos en un pequeño restaurante y tenía que decir  la frase: 'Saldré a la calle y me subiré los pantalones hasta las rodillas'". Por alguna razón no pude decirlo. Estaba furiosa. Dijo: 'Eso es absolutamente ridículo'. Allí estaba yo, con los pantalones arremangados hasta las rodillas, muy consciente de mis piernas flacas, y dije: 'Hoy no quiero actuar, búscate un tipo con piernas decentes y que las enseñe'. Margaret dijo: 'Entonces me niego rotundamente a hacer la película'. Así que hicimos más tomas".

Por otra parte, Ernst Lubitsch consiguió un reparto secundario a la altura de James Stewart y Margaret Sullavan. Frank Morgan es perfecto como Hugo Matuschek, el afable dueños de la tienda. Es un hombre exigente, orgulloso, temperamental y también vulnerabel. Es de una humanidad extraordinaria. En cambio Joseph Schildkraut como Vadas es todo lo contrario. Es un empleado engreído y adulador. Schildkraut realiza el perfecto retrato de la falsedad y la vanidad. Felix Bressart como Pirovitch es el contrapunto conccilidador de Kralik, transmitiendo una amistad muy sincera. Con todos ellos Lubitsch consigue que nos importe que pasa en esa pequeña tienda y que conectemos emocionalmente con ellos. Son más que un complemento de los protagonistas: tienen vida propia.

'El bazar de las sorpresas' es una delicia de principio a fin. Crea un universo cerrado que nos atrae donde los personajes agradables tiene su recompensa final. Tiene el resplandor de todo lo que representa el cine clásico. Lubitsch demuestra que no hacen falta grandes acontecimientos para construir una historia emocionante. Su famoso toque Lubitsch está presente en cada detalle, en lo que se insinúa más que en lo que se muestra, en las miradas y en esos diálogos que esconden mucho más de lo que dicen. Elegante y profundamente humana, cuyo encanto no ha envejecido siendo además la película favorita de Ernst Lubitsch de su propia filmografía.


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