martes, 18 de julio de 2017

Trono de Sangre - La tragedia de una ambición.


Durante los años de la posguerra el cine histórico o el llamado 'Jidaigeki' era un género prácticamente olvidado dentro del cine japonés. Sin embargo en 1950, Akira Kurosawa le devolvió de nuevo su esplendor con 'Rashomon', una película muy exitosa en el extranjero. De hecho ganó el León de Oro en Venecia y el Oscar a la Mejor Película Extranjera. En 1954, Kurosawa rodó 'Los siete samuráis', tal vez la obra cumbre de su filmografía, donde el espectador occidental vió una película menos mística que 'Rashomon' aunque rodada con una maestría increíble. Y en 1957 Kurosawa rompió aún más las barreras culturales entre oriente y occidente con una adaptación de una obra de William Shakespeare: 'MacBeth'.  La pasión de Kurosawa por la cultura occidental no era nada nuevo. Desde muy joven había admirado los trabajos de John Ford, Fritz Lang, Luis Buñuel, Jean Renoir, Charles Chaplin y F.W. Murnau. Esta apertura al mundo occidental fue parte del éxito de la película de Kurosawa pero también provocó la ira de muchos críticos japoneses. Ya en 1951, Kurosawa había adaptado otra obra occidental, esta vez de Dostoievski con 'El idiota' y en 1957 repetiría con otro escritor ruso, Maxim Gorky, adaptando 'Bajos fondos'. Pero a pesar de que 'Trono de sangre' venía de un material originalmente no japonés, Kurosawa supo adaptarlo perfectamente a su cultura nipona.


A finales de los años 40, Kurosawa ya tenía pensado adaptar 'MacBeth' pero Orson Welles se adelantó en 1948 ofreciendo una película ceñida a la obra y de claro marcado teatral. Tanto en 'Trono de Sangre' como posteriormente en 1985 con 'Ran' (adaptación de otra obra de Shakespeare 'Rey Lear'), Kurosawa integra las obras del autor inglés dentro de la cultura y el arte japonés. Para ello, Kurosawa ubica su narrativa en el Japón feudal del siglo XVI, una época de guerra civil y un marco ideal para que surjan personajes como MacBeth además de ajustarlo en pantalla casi a la perfección en esa reconstrucción del Japón feudal. También Kurosawa se apoya en el teatro 'Noh', forma teatral dramática y lírica que resulta muy adecuado para lo que Kurosawa quiere representar, por ejemplo en escenas como los diálogos entre el general y su esposa. Pero no solo en las formas técnicas Kurosawa se apoya en el teatro 'Noh', también en las artísticas. Toshiro Mifune está espléndido como el general Taketoki Washizu. Kurosawa ya le dió su primer papel protagonista en la estupenda 'El ángel ebrio' convirtiéndose ambos en una dupla que funciona casi a la perfección. En 'Trono de sangre' Mifune tiene el reto de recrear un personaje tan complejo a la par que conocido como MacBeth. Es una interpretación intensa, de manera similar a lo que hizo en 'Rashomon'. Al principio, ese MacBeth/General Washizu se nos presenta como un orgulloso guerrero para luego mostrarnos su realidad: es alguien psicológicamente débil y maleable. Estos defectos son aprovechados por su esposa, la cual maneja al general Washizu como una marioneta sujeta a sus caprichos y ambiciones casi como una mujer fatal. Isuzu Yamada  está perfecta como Lady MacBeth/Asaji en esos momentos de calma, locura y ambición.


Kurosawa también adapta de manera distinta esas tres brujas de la obra original de Shakesperare. Las sustituye por alguien que es una mezcla entre un anciano y un demonio. Es una figura estática a la par que inquietante. No solo Kurosawa usa esa figura de manera metafórica, también le da cierto simbolismo con esa rueca que maneja enrollando los hilos del destino.  En ese aspecto simboliza el corazón honorable de MacBeth. Y en otro aspecto, es una figura perturbadora que irrumpe en el alma de Washizu. El simbolismo también es algo muy patente en la representación visual que Kurosawa nos ofrece. Reemplaza esos enormes monólogos de la obra original con puestas en escena que representan sus tormentos interiores sin apenas diálogo, como cuando vaga por la niebla o cuando se dirime su destino con esa lluvia de flechas que le cae al final. Y es que en 'Trono de Sangre' el silencio y la exposición visual son tan importantes como las palabras. Ese también es un aspecto peculiar del cine japonés, donde la fuerza visual y silenciosa sirve como contrapunto ideal para la palabra, siempre siendo algo evocador con movimientos minimalistas en espacio de apenas decorado. También hay que destacar el perfecto equilibrio de la fotografía de Asakazu Nakai con esos decorados y ambientación.

Por todos esos detalles, no se puede considerar 'Trono de sangre' como una simple adaptación de la obra de Shakespeare. Por supuesto, el material original está presente y Kurosawa sabe insuflarle esas influencias culturales niponas con un resultado muy personal. De hecho, la secuencia final del centenar de flechas es una imagen icónica de la historia del cine. En definitiva, 'Trono de sangre' es una adaptación poderosa y enormemente atmosférica de MacBeth, que preserva el espíritu épico de muchas de las películas del legendario maestro del cine japonés.



Música de 'Trono de sangre'



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