A principios del siglo XX todo parecía posible. Era una época en la cual los artistas se sentían libres para pensar. Isadora Duncan transformó la danza clásica en una expresión del alma. Stanislavski y su método de actuación fue revolucionario en su concepto de la búsqueda de la verdad emocional. Por aquellos años, el cine apenas se había inventado. Florenz Ziegfeld Jr vió el Folies Bergère de Paris y a partir de aquello se inspiró. Iba a glorificar a la American Girl y Broadway iba a alcanzar nuevas cotas de extravagancia.